Dieciocho vendedores y vendedoras de la ONCE de la Comunidad de Madrid reciben su reconocimiento como los mejores del año 2025

Nº 126. MAYO 2026

Foto de familia de todos los vendedores

Una tarde llena de emoción, muchos nervios y, por encima de todo, mucho agradecimiento

Junto a Mª José Zaragoza, que fue seleccionada como la mejor vendedora de la ONCE en la Comunidad de Madrid de 2025, otros diecisiete vendedores y vendedoras de toda la región recibieron un merecido homenaje durante la gala celebrada el pasado 16 de abril en la Delegación Territorial de la ONCE en Madrid, como candidatos a mejores vendedores y vendedoras del año. 

En ella, estuvieron acompañados por el presidente del Grupo Social ONCE, Miguel Carballeda; el delegado de la ONCE en la Comunidad, Luis Natalio Royo; la presidenta del Consejo Territorial, Teresa Rodríguez; la jefa del Departamento de Juego, Amparo Simancas, y la gerente comercial de la zona centro, Mª Carmen Hidalgo. El subdelegado, José Luis Guerrero, fue el encargado de conducir el acto.

Por el escenario pasaron Ignacio José Alonso López, Manuel Blanco Santos, Virginia Castellanos Pérez, Amador Gil Domínguez, Eduardo Gómez Sánchez, Carlos Gómez Lozano, Ana María Gutiérrez Calles, Francisco Javier Herráez Quirós, Eva Miguel Hernández, Ignacio Alberto Intriago Olivera, Alejando Jiménez Siddu, Rafael López Vela, Eugenio Morata Sánchez, José Ramón Miñarro Gallego, Isabel Pajares Romero, Isabel Quintanar Fabregat, Raúl Travesedo López y la propia Mª José Zaragoza Caballero.

Grupo de seis de los vendedores homenajeados

Una tarde llena de emoción, muchos nervios y, por encima de todo, mucho agradecimiento por este reconocimiento público a su labor como vendedores. Así lo aseguraba, por ejemplo, Eduardo Gomez: “Que una empresa como la ONCE te reconozca tu labor, pues es lo mejor que puede haber. Vamos, muchísimas empresas tenían que aprender de la ONCE, porque esto te anima a seguir trabajando más y más”. Eduardo lleva cinco años dedicado a esta labor tras tener que abandonar su dedicación a la hostelería a consecuencia de su discapacidad. Entonces, cuenta, “la ONCE me acogió y fue lo mejorcito que me pudo pasar”.

Para este vendedor de la zona de Usera lo mejor de este trabajo son los clientes. “Me encanta trabajar con el cliente, de hecho, viniendo de la hostelería, no la hecho nada de menos, sí a las personas, a la clientela que tenía. Estaba en el centro de Madrid trabajando y trabajaba con todo tipo de personas de todas las partes del mundo. Y, bueno, aprendes idiomas y a conocer a las personas nada más verlas. Ahora, en el puesto de venta que tengo en Usera trabajo con chinos, con latinoamericanos... O sea, Usera es la torre de Babel”Dice Eduardo llevarse bien con todos ellos. De hecho, lleva dos meses de baja a consecuencia de una enfermedad y “me echan mucho de menos, me llaman por teléfono o me ponen mensajes y eso es maravilloso”.

Entre sus muchas anécdotas, recuerda Eduardo una ocasión en la que, por casualidad, se dio cuenta de que, justo antes de romper un taco de cupones que una clienta le dejó para revisar, uno de ellos estaba premiado con 20.000 euros y la mujer ya se había marchado del quiosco. Lo estuvo custodiando en su casa durante más de 15 días, sin decírselo ni siquiera a su mujer

Al igual que Mª José Zaragoza, Eduardo es también mentor de futuros vendedores y su mensaje lo tiene claro: “A todos les digo lo mismo, hay gente a la que le cuesta más el arrancar, porque no todo el mundo tiene la experiencia de tratar con la gente; entonces, yo a todos les digo lo mismo: ‘se te quita el miedo’. Yo los dejo solos en los quioscos, porque es la única manera que tienen de arrancar ese miedo. Yo les remarco que aquí hay tres puntos fundamentales: cliente, cliente y cliente, no hay otra cosa”

A pesar de “el pequeño bache” de salud que está atravesando, Eduardo tiene clara una cosa: “el año que viene pienso estar aquí otra vez”.

Para otra de las vendedoras, Eva Miguel, este reconocimiento le ha supuesto una “alegría muy grande”. “Es en nombre mío y de todos mis compañeros, porque todos somos un equipo, desde la imprenta, los directores, los gestores... sin todo eso no sería posible”. En su caso, lleva once años como “centinela de la ilusión” y para ella lo más importante también es “el trato con la gente. El que te cuenten, ser parte del día a día de la vida de mucha gente y estar presente en sus vidas”. Su mensaje para los futuros vendedores es “que lo prueben, que lleva una marca detrás muy grande y siempre va a estar respaldado por otros compañeros, por los jefes. Cuando tú te presentas en la calle y dices ‘soy de la ONCE’, es que es mucho lo que representas”, afirma.

Grupo de seis de los vendedores homenajeados

Experiencias de todo tipo

Raúl Travesedo, otro de los vendedores homenajeados, decía con emoción al finalizar la gala que “no me lo esperaba para nada, porque llevando tan poco tiempo aquí, no hace ni cuatro años... Estoy muy contento, muy orgulloso y sobre todo gracias a este hombre, a Joaquín (su gestor), que confió el primero en mí, que yo cuando iba a trabajar, los primeros días, que te lo diga, no quería, me daba vergüenza vender, pero luego con el tiempo y con las enseñanzas, aquí hemos llegado”.

Entre sus anécdotas cuenta Raúl que tiene una señora que todos los días “me espera a que abra el quiosco con un café, porque ella quiere invitarme, porque como soy tal, me dice, y entonces son pequeñas cosas que va sumando y que alegran mucho el trabajo”. 

No duda Raúl en animar a los futuros vendedores: “Que no tengan miedo, que se te quita enseguida, que luego en dos días te pones a la orden y dale, dale, dale; vender, vender, vender... y todo pasa. Y luego ya poner una sonrisa en la cara todos los días”.

Otra de las vendedoras homenajeadas este año ha sido Virginia Castellanos, para quien esto también supone “un orgullo muy grande, porque es como que ves reconocido tu esfuerzo diario, lo que haces tiene un sentido que se te reconoce, que se te valora. A mí me ha hecho muchísima ilusión”.

Pero lo que le ha hecho especial ilusión a Virginia es que su padre haya podido estar ahí con ella, de hecho sus palabras estuvieron dedicadas a él. “Fíjate, me emociono otra vez, porque mi padre me ha ayudado mucho en mi trabajo. Me llevaba a hacer los repartos, siempre me recogía cuando tenía que salir de un sitio muy tarde, de noche, y yo creo que me ha hecho más ilusión porque él me viese que por el premio en sí. Así que, muy bien, ha sido muy bonito”.

Virginia empezó a vender hace 26 años, aunque por medio tuvo una parada de unos cuatro años para dedicarse más a la gestión. Pero con tantos años de trayectoria, dice, “he vendido en todos los sitios que te puedas imaginar, en polígonos, en calle, en quiosco, haciendo rutas, en todas las modalidades posibles de venta, o sea que...”.

Y, claro, tiene también numerosas anécdotas guardadas en su memoria, entre las que nos cuenta que entre sus clientes “tengo un señor que ahora mismo tiene 96 años, que me compra desde el primer día que empecé a vender en Getafe, y todas las Navidades me escribe una carta, y si va a llevármela al quiosco y no estoy, me la mete por debajo de la puerta. Es un señor que escribe mucho y muy bien y me pone cosas súper bonitas: ‘para la bella Virginia, nuestra vendedora de ilusión que nos da la alegría todos los días’ y cosas así, las tengo todas guardadas, porque me hace mucha ilusión.  Y cuando pasan más de dos o tres días que no pasa por delante te lo juro que ya me entra el canguelo porque pienso que le ha pasado algo al pobre, porque es muy mayor, pero cuando lo vuelvo a ver, digo: ‘ahí está mi querido Fidel’, es una persona entrañable”.

“Es muy bonito sentir a la gente cerca de ti -asegura Virginia-. Nuestro trabajo es muy bonito si sabes apreciarlo, porque tiene cosas que te llenan mucho y te puedes sentir muy realizado. Yo de hecho lo dejé para hacer otras cosas que no me llenaron tanto y volví porque dije: ‘si aquí era feliz, ¿por qué me fui? Y volví por eso, porque me gustaba más vender y el contacto con la gente”.

Virginia reconoce que los inicios dan un poco de miedo, pero “al final te acostumbras, te pones en ese papel de vendedor, tiras para adelante con lo que sea y tratas de hacerlo lo mejor posible, hasta que llega un momento en que ya le coges el tranquillo y te sales solo. Que no tengan miedo, que se animen a vender porque es una profesión muy bonita, muy satisfactoria y que, además, cuanto más te lo curres más puedes ganar, ¿qué más puede esperar uno de un trabajo? Así que, totalmente recomendado”, concluye.

Grupo de seis de los vendedores homenajeados

Yolanda S. Baglietto
 

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