En la Vuelta al Cole la ONCE recuerda que la inclusión debe llegar también a espacios como el recreo, el comedor o las extraescolares
Son momentos “esenciales” para la inclusión y la socialización y han de ser accesibles a todo el alumnado, con y sin discapacidad
Cerca de 1.150 estudiantes ciegos o con discapacidad visual grave de la Comunidad de Madrid (más de 7.000 en toda España), afrontan estos días el inicio del nuevo curso escolar. El 99% de ellos lo hace en centros ordinarios, dentro de un modelo de educación inclusiva respaldado por los equipos de atención educativa de la ONCE, que les proporcionan los apoyos necesarios para seguir el currículo en igualdad de oportunidades.
Sin embargo, volver al colegio no significa únicamente regresar a las aulas. La experiencia educativa también se construye en otros espacios y momentos que forman parte de la vida diaria de los centros y que son fundamentales para el desarrollo personal y social del alumnado. “La jornada escolar incluye muchos otros tiempos y actividades. El recreo, el comedor, los horarios ampliados y las actividades complementarias y extraescolares son esenciales para el aprendizaje y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de la autonomía personal y de las competencias sociales”, explica Ana Llauradó, responsable de Atención Educativa de la ONCE.
Por ello, la ONCE recuerda que el alumnado con discapacidad visual tiene tanto el derecho como la necesidad de participar plenamente en todas estas actividades en igualdad de condiciones que el resto de sus compañeros.
Recreos para todos
El recreo constituye un espacio clave de convivencia y socialización. Para que sea realmente inclusivo, debe ofrecer oportunidades de juego y participación para todo el alumnado. La ONCE apuesta por patios accesibles, organizados en diferentes zonas y con propuestas variadas que favorezcan la interacción y el juego compartido. Asimismo, resulta fundamental que niños y niñas dispongan de un repertorio de juegos inclusivos que puedan elegir y disfrutar de forma autónoma, siempre con la adecuada supervisión adulta.
El comedor como espacio de autonomía
Del mismo modo, el comedor escolar representa una oportunidad privilegiada para fomentar habilidades esenciales para la vida diaria. “Espacios como el comedor permiten reforzar la autonomía del alumnado con discapacidad visual en tareas cotidianas como la alimentación o el aseo”, señala Llauradó.
Los técnicos de rehabilitación de la ONCE enseñan a estos estudiantes a desenvolverse de forma independiente según su edad y desarrollo, realizando acciones como cortar los alimentos, servirse agua o mantener hábitos de higiene personal. Además, forman a los profesionales que trabajan en estos entornos para que puedan reforzar dichas habilidades en el día a día.
Aprender también fuera del aula
Las actividades complementarias, desarrolladas dentro del horario lectivo, enriquecen el aprendizaje a través de experiencias prácticas y vivenciales. Para garantizar la participación de todo el alumnado, es importante que incorporen enfoques multisensoriales y que los materiales se preparen y adapten previamente cuando sea necesario. Las actividades extraescolares también desempeñan un papel fundamental. Son un entorno idóneo para descubrir intereses, desarrollar habilidades artísticas o deportivas y fortalecer las relaciones sociales, aspectos especialmente relevantes para el desarrollo integral del alumnado.
“Todos los espacios, tiempos y actividades que conforman la vida escolar son enormemente enriquecedores para el conjunto del alumnado y, especialmente, para los estudiantes con discapacidad visual, siempre que se planifiquen teniendo en cuenta la diversidad y se incorporen estrategias y recursos que hagan efectiva la inclusión”, concluye la responsable de Atención Educativa de la ONCE.
Más de 400 profesionales al servicio de la inclusión
La ONCE cuenta con equipos específicos de atención educativa integrados por maestros y maestras, tanto de la ONCE como de las administraciones educativas, que prestan apoyo directo en los centros escolares. Su labor incluye la atención al alumnado en aspectos relacionados con la discapacidad visual o la sordoceguera, el acompañamiento a las familias y el asesoramiento al profesorado mediante herramientas, recursos y estrategias que favorecen el acceso al currículo ordinario en igualdad de oportunidades. Actualmente, más de 400 profesionales desarrollan esta tarea en todas las comunidades autónomas.
Junto al personal docente, estos equipos están formados por psicólogos, trabajadores sociales, técnicos de rehabilitación, instructores de tiflotecnología y braille, especialistas en animación sociocultural y mediadores para alumnado con sordoceguera. Todos ellos contribuyen, desde una perspectiva multidisciplinar, al desarrollo integral y la plena inclusión educativa.
Distribución por etapas educativas
Durante el curso 2025/2026, los casi 1.150 estudiantes ciegos o con discapacidad visual de la Comunidad de Madrid se distribuyeron de la siguiente manera:
- Educación Infantil: 148 alumnos
- Educación Primaria: 211
- Educación Secundaria Obligatoria: 185
- Educación Básica Obligatoria: 198
- Bachillerato: 49
- Formación Profesional: 72
- Universidad: 173
- Otras enseñanzas: 113