María Manzanero: "El judo es un deporte de contacto y hay que tener carácter para estar metida en su disciplina"
La campeona de Europa de Judo Paralímpico consigue el bronce en el Mundial celebrado, entre el 23 y el 27 de septiembre, en Tbilisi (Georgia)
Serenidad y fortaleza. La pasión de la judoca madrileña María Manzanero Ruiz, de 22 años, se ha convertido en su forma de vida. Entrena muy duro, y a diario, en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, actividad a la que suma sus estudios universitarios en Pedagogía.
Como deportista de élite ciega, tras una trayectoria iniciada desde los 6 años, tiene meridianamente claro que lo suyo es competir en el Tatami... hasta que el cuerpo aguante. “Nunca dejaré el judo, lo practico desde niña y sospecho que ahora no sé no hacer judo”, declara, en franco juego de palabras, en referencia al arte marcial japonés.
Tras conquistar el título continental del europeo paralímpico, campeonato celebrado en la ciudad alemana de Heidelberg (entre el 14 y 16 de agosto), ha conseguido alzarse con el bronce en el Mundial celebrado en Tbilisi (Georgia), entre el 23 y el 27 de septiembre, donde han participado los mejores judocas ciegos o con discapacidad visual de los cinco continentes. Otra prueba de fuego, disputa del coeficiente de puntuación para el ranking olímpico paralímpico.
Los Juegos Paralímpicos (JJPP) de Los Ángeles 2028 es meta a alcanzar, a tan alto nivel deportivo. “Claro, porque al final todo esto es una preparación, en la búsqueda para la clasificación a los juegos de Los Ángeles. A ver, aún queda bastante para llegar, muchas competiciones, pero es verdad que me ha ido muy bien este año y me encuentro en plena forma. Espero seguir así y posicionarme bien para luego clasificarme; tengo muy buenas sensaciones y con expectativas. Aunque nunca sabes lo que va a pasar, a fecha de hoy mis expectativas son altas”, afirma feliz por su recorrido y palmarés.
Y es que María se deja la piel en cada entrenamiento y combate, claro. La joven judoca, veterana conocedora de técnicas y prácticas, no se libra de ciertos cardenales o moratones visibles en las piernas, que observo mientras conversamos. Ella le resta importancia... “Esto es que entreno duro... con auténticos salvajes”, bromea con genial sentido del humor. “Auténtica pasión ¡Madre mía, menudos moratones!”, le sigo la corriente.
A la altura de la rodilla, una cicatriz testimonia una lesión intervenida. “Es una de las cicatrices que tengo -apunta- y aquí tengo otra”, señala tocando el lugar exacto de la pierna mientras apostilla que “también han decidido ‘decorármela’ igual, entrenando el otro día”. El deporte ‘cuerpo a cuerpo’ es lo que tiene, a pesar de realizarse en tatami acolchado, diseñado para absorber impactos y prevenir lesiones. Fragmento de conversación
Compaginar estudios y entrenamiento. A veces no es fácil y ha de renunciar a algunas clases del Grado de Pedagogía por coincidir con su habitual preparación física. “Lo que hago es coger menos asignaturas y dentro de lo que cabe intento ir a esas clases, pero es un poco locura... levantarme, hacer pesas, irme corriendo a clase, volver al CAR y entrenar más, salir otra vez hacia la universidad... Así estoy todo el día”, comenta.
Es lo que toca, no para quieta ni un segundo. La constancia y juventud le abren las puertas del éxito con una excelente forma física y una cabeza bien amueblada. María aprieta los labios y se le ilumina el rostro cuando sonríe.
Afiliada a la ONCE desde su más tierna infancia, recibió Atención Temprana de la mano de profesionales de la Organización de ciegos. Domina el sistema de lectoescritura braille, que aprendió a la edad de tres añitos. “Tuve una profesora que me enseñó a leer y escribir súper prontito. Casi no me acuerdo pero me han contado que la primera vez que escribí en la máquina Perkins (de uso de personas ciegas) no podía hacerlo porque no tenía ni fuerza en los dedos por ser tan pequeña”, refiere.
Sí recuerda, con claridad, que salía del colegio después del almuerzo para ir a la ONCE “a aprender braille, un par de días a la semana. A mí me gustaba mucho, la verdad, lo pasaba muy bien en las clases de braille”.
“Yo era la cieguita del colegio”, dice sin acritud. En cuanto a otras personas con discapacidades notorias en ese centro, comenta que no le consta aunque afirma que, a buen seguro, “como discapacidades invisibles sí que había alumnos en el colegio”.
De la inclusión en aquella etapa educativa “nunca he tenido que quejarme de ningún profesor y de los chavales pues... hubo un poco de todo”, titubea. “Lo típico, que te encuentras con algún niño un poco tocapelotas, pero en general no he tenido problemas serios mas allá de querer jugar al ‘pilla-pilla’ y no poder porque te tenía que guiar alguien y no querían. Esa es la mayor barrera que encontré, a lo mejor un poco por el desconocimiento de otros compañeros sobre todo siendo más pequeños”, justifica la falta de empatía en la hora del recreo.
Aquella chiquilla quizá tímida, en cierta manera por las circunstancias, se ha convertido en la deportista de élite del judo paralímpico. Reside en la Blume, la emblemática residencia para deportistas de élite en Madrid, integrada en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) sito en la ciudad universitaria.
Recompensa del trabajo bien hecho. María compite en la categoría J1 (deportistas ciegos) en -52kg. Mantiene un equilibrio constante entre ataque y defensa, que le hace merecedora de sucesivas medallas desde niña. Los combates judocas requieren del talento y disciplina para el buen manejo de la tensión y dureza del esfuerzo.
Distinciones y preseas avalan su recorrido deportivo. En los Juegos Paralímpicos Europeos de la Juventud en Finlandia brilló en plata (en 2019) y se proclamó campeona del Torneo de Heidelberg; también en 2022 es destacada campeona de la Gymnasiada de Normandia con medalla de oro, en el estreno del judo paralímpico en esta competición multideportiva mundial; en 2023 logró subirse al podio (bronce) en el prestigioso centro Kodokan de Japón, en el Gran Prix de Tokio, y su primera gran medalla europea absoluta brilló, ese mismo año´23, en el Campeonato de Europa de Róterdam.
Consiguió cumplir su sueño al realizar su debut en los Juegos Paralímpicos de París 2024 y se prepara a conciencia para estar en los de Los Ángeles 2028. Lleva buen camino nuestra campeona de Europa 2026, que venció por Ippon a Aminat Omarova con bandera neutral, y sumó una medalla de plata en la competición por equipos con la selección española, habiendo superado una operación de ligamento cruzado y regresar a la competición con tres medallas en el circuito internacional.
Por la proyección de futuro, no andaban desencaminados al distinguir a Manzanero como Mejor Deportista del año 2023 en la localidad de Rivas Vaciamadrid.
A una semana vista de volar hacia Georgia para dar todo de sí en la cita mundial más importante del circuito internacional fuera de los Juegos Paralímpicos, se pronunciaba optimista y sin pausa en los entrenamientos. “Normalmente hago dos sesiones diarias. De preparación física puede ser algo más aeróbico, de sudar, o más entrenamientos de fuerza y de pesas, dependiendo de lo que me hayan mandado hacer. Y luego siempre tengo lo que es el judo en sí, que pueden ser dos horas y media diarias. A veces es más tiempo porque el judo tiene una parte que es mucho de técnica y cuando tú llegas a una competición tienes que saber cómo afrontar cada combate, qué es lo que vas a hacer en función de lo que también sabes de tus rivales”, relata con minuciosidad.
Sesiones técnicas y de táctica se suceden sin apenas respiro. Las clases de Pedagogía tienen que esperar un poco, a pesar de buscar el equilibrio entre deporte y estudio. “Actualmente le dedico más tiempo al deporte que a la carrera; por ejemplo, este cuatrimestre he cogido tres asignaturas ‘de cinco’ para que me cuadren los horarios... hay días que me levanto, hago pesas y luego me voy a clase y hay otros días que voy a clase primero y luego vengo a judo. Así voy intercalando algunas clases con los entrenamientos”, asegura.
Bajo ningún concepto se plantea dejar sus estudios “es algo que no quiero dejar de lado porque al final la carrera deportiva se acaba en algún momento; esperemos que más tarde que temprano”. Arrojo y carácter para abordar lo que se proponga le sobra... o si no, al tiempo.
La elección está hecha de antaño. Judo es su deporte rey, sin adaptaciones materiales por ser una persona ciega. Lleva su ritual de saludo, y respeto, antes y después del combate.
Desde el inicio del combate y durante el desarrollo del mismo los judocas están siempre al alcance de sus respectivos brazos. “Consiste en derribar al rival y luego en el suelo inmovilizar o luxar y estrangular al adversario. Son cosas que implican de por sí que vas a tener mucho contacto con la otra persona y ya la parte de la incertidumbre de dónde está el compañero la eliminas al empezar el combate ya agarrados”, señala con conocimiento de causa. “Es un deporte de contacto y tienes que tener carácter para estar ahí metida dándote de leches porque no es agresividad pero sí es combate”, concluye.
Genoveva Benito