Pipu, entre los candidatos a Mejor Actor de Reparto en los Premios Goya 2018

  • Boletín: Nº 34. ENERO 2018

    Temática: Protagonistas ONCE y entorno Pipu en una escena de 'A Nuestros Héroes'

    El vendedor de la ONCE y actor de ‘La Luciérnaga’ Fernando Lozano, más conocido como Pipu, se encuentra en la lista de candidaturas a los Premios Goya 2018, dentro de la categoría Mejor Actor de Reparto, por su papel de ‘Juan’ en la película “A Nuestros Héroes”, del director argentino afincado en España Alex Quiroga. Es la segunda vez que el nombre de Pipu aparece entre los candidatos a estos galardones, ya que en el año 2013 también estuvo por su papel en “Amoreux”, del mismo director.

    Desde hace más de diez años, Pipu es uno de los actores del grupo de teatro ‘La Luciérnaga’, integrado en la Asociación Cultural de Personas con Discapacidad Visual de la Comunidad de Madrid. Una compañía con más de 30 años de historia, compuesta en su totalidad por actores y actrices ciegos y con discapacidad visual grave, que realizan su actividad de forma amateur, en la actualidad bajo la dirección de Agustín Sasián.

    Natural de San Pedro del Pinatar (Murcia, 1970), Pipu se afilió a la ONCE a los 19 años, en su pueblo natal, a causa de una enfermedad genética, degeneración macular bilateral y Stargardt, que todavía hoy le sigue produciendo pérdida de visión. A los 20 años se trasladó a Madrid, y a los 21 comenzó a dedicarse a la venta del cupón, su ocupación actual, que compagina con su pasión por el teatro.

    Pipu siente un gran agradecimiento a la ONCE, porque “desde que me afilié he tenido un gran respaldo de la Organización y he podido llegar a donde estoy. Y, sobre todo, gracias a la ONCE he tenido la oportunidad de hacer teatro”.

    Pregunta.- Por segunda vez, candidato a Mejor Actor de Reparto en los Goya, ¿qué supone para ti?
    Respuesta.- Personalmente es un orgullo verme en una lista con los grandes de la interpretación. A nivel general, no es algo en lo que piense cuando me levanto, porque sé que no deja de ser una candidatura. Desde el punto de vista actoral, es como un reconocimiento al trabajo, pero a mí lo que me gusta es hacerlo, aunque sea por amor al arte, nunca mejor dicho, dando lo que sé y lo que puedo. Lo que de verdad me apetece es que me vuelvan a llamar aunque no aparezca en la candidatura. Seguramente sea más importante para la gente que me rodea, que te halaga con sus felicitaciones, pero a mí lo que más me importa cuando hago un trabajo es que quede bien y que guste al espectador.

    P.- ¿Cómo es el Juan de "A Nuestros Héroes"?
    R.- El Juan de “A Nuestros Héroes” es un ciego -aspecto que conozco muy de cerca, aunque haya tenido que hacer de ciego total-, un ser muy sensible, que se ha quedado viudo y lleva un tiempo solo. Tal y como lo describe el director, Alex Quiroga, “un niño dentro de un hombre muy especial”, que, de repente, siente la necesidad de ayudar a los demás. En su vida interactúa con su amigo sordo (interpretado por Juan Manel, compañero de reparto que estuvo con nosotros durante un tiempo en ‘La Luciérnaga’), con el que tiene muy buena relación, pero su soledad le afecta tanto que, en un momento determinado, conoce en Roma a una mujer que ha sufrido malos tratos y siente la necesidad de darle el cariño que a él mismo le falta. En todo momento, Juan se muestra como un personaje tierno y adorable, dentro de una serie de malos tratos y vejaciones que se reflejan en la película. Podría definirlo como un “corazoncito sensible, una ángel bondadoso dentro de la violencia que implica la historia”.

    Pipu en una escena de 'A Nuestros Héroes' junto a la actriz

    P.- Esta oportunidad te llega, en ambos casos, de la mano del director Alex Quiroga. ¿Cómo surge esa apuesta por tu interpretación?
    R.- En un principio, Alex se acercó al grupo ‘La Luciérnaga’ de la ONCE buscando algún actor con discapacidad visual a través de gente que trabajaba con nosotros, como Ángel García Suárez, que era el director del grupo en su momento, o Esperanza Lemos, que  participó en alguna colaboración. Le gustó mi trabajo y, a partir de ahí, me propuso un primer proyecto que no vio la luz, y después la participación en las dos películas siguientes “Amoreux” (2013) y “A Nuestros Héroes”, que se estrena ahora. Al final ha surgido una buena relación entre ambos, de la que ha comenzado a surgir también un pequeño lazo de amistad.

    P.- Sin embargo, tu principal vocación de actor se dirige más hacia el teatro, ¿cómo nace?
    R.- A raíz de mi divorcio, comienzo a tener más tiempo libre y una amiga de la ONCE empieza a hablarme del grupo de teatro y a proponerme que me acerque a conocerlo, a lo que yo le fui dando largas hasta que un día el director, Ángel García, me pilló hablando del tema y me citó en el ensayo. Bajé y... ese día descubrí una pasión oculta por el teatro que tenía ahí y a la que llevo dedicándome ya doce años, cada día con más ganas de hacerlo. Si tuviera que utilizar una palabra que me evoca el teatro es FELICIDAD, ya que me aporta cosas al margen de mi vida, muy íntimas y que surgen del interior...

    P.- A lo largo de los más de 10 años que llevas sobre los escenarios habrás acumulado todo tipo de papeles, ¿cuál ha significado más para ti o con cuál te identificas más?
    R.- Disfrutarlos los he disfrutado todos, cada uno en su nivel. Empecé haciendo de un borracho que irrumpía en el teatro, bajo la dirección de Ángel, que siempre me decía que tenía que conseguir que se levantara el público a echarme de la sala y la verdad es que al final lo conseguimos.
    Más tarde, vino el doctor Ruíz en “Nuestro pueblo” (ya con Víctor Duplá), papel al que le guardo mucho cariño porque era una obra en conjunto muy entrañable y, por ende, le cogí mucho cariño al personaje.
    Pero, sin duda, con el que más he disfrutado con diferencia, porque ahí sí que me dejaba la piel, el aliento y todo, es con ‘El Oso’ en el montaje “Obras cortas de Chéjov”, de tal manera que llegaba al camerino para cambiarme chorreando de sudor por la descarga de adrenalina que vivía con la locura salvaje del personaje.
    En “Historias mínimas” teníamos que hacer muchos personajes, de los que, lógicamente, siempre queda algo, porque era un trabajo muy peculiar, con escenas muy cortas y perfiles muy diferentes (el asesino, el loco o el poeta). Fue un trabajo muy variado con el que aprendí y disfruté mucho, aunque exigía más concentración y compenetración con los compañeros
    Después llegó Carlos Capri en “¡Quién Va! Destino Hamlet”, un tipo más dentro de un grupo de frikis que buscaban ser actores, pero que tenía mucho de mí, de persona amigable, en especial en esos momentos en los que te reúnes con los colegas. Era un buen ejemplo de la mezcla entre mi propio yo y el personaje.
    Actualmente estoy haciendo de mendigo en “Caricias” (bajo la dirección de Agustín Sasián), y este lo he tenido que trabajar más, he tenido que buscar más fuera de mí y al final ha resultado ser un papel que me gusta, me llena y, en general, tiene buena aceptación del público, es distinto a lo que había hecho hasta ahora.
    Pero si tengo que destacar alguno, me quedo con el ‘Oso’, como el que más me ha llenado, y con Carlos Capri como el más cercano a mi propia personalidad.
    En cualquier caso, para poder llegar a interpretar un personaje, sea cual sea, hay que ponerle alma, pasión, corazón y mucho cariño.

    Pipu en una escena de 'El Oso'

    P.- Has mencionado el trabajo con varios directores a lo largo de todos estos años, ¿cuál ha sido su aportación en tu desarrollo y formación como actor?
    R.- Pues, en primer lugar, tengo que agradecer a Ángel García Suárez porque fue el que me inculcó el ‘duende’ del teatro en las venas; con él me subí por primera vez a un escenario y él me enseño lo que eso significa.
    Después vino Víctor Duplá, que es con el que hemos estado más tiempo y, podría decir que es el que me ha enseñado a crecer. Ángel puso las semillas y con Víctor he crecido, ya que es el que ha regado la planta para coger confianza, fuerza y respeto.
    Ahora estamos con Agustín Sasián, que era ayudante de dirección con Víctor, por lo que ya le conocemos. Sasián es una continuidad de las pautas iniciadas con Víctor, basadas en marcar muy fuerte el respeto por el trabajo, por el compañero, por el escenario... pero sin tenerle miedo. Todo el tiempo que dedicamos a la concentración y el trabajo durante los ensayos, hace que cuando sales al escenario vayas con confianza. Me han enseñado que el escenario es casi casi sagrado, hay que tenerle un gran respeto.
    Podría decir que entre estos tres directores teatrales me han educado para amar y respetar el teatro, al compañero y al personaje que estás creando para que fluya y tenga vida propia.
    Con Álex Quiroga, director de las dos películas, es otra forma de trabajar, pero en cierto modo he aplicado la base que me ha dado el teatro.
    Y ahora, en esta nueva etapa, estoy trabajando con María Peregrina en el microteatro, con la que ya llevo la base de confianza para hacer otras cosas, al margen de lo que es, digamos, la ‘tutela’ de los directores del grupo. Lo que estoy aprendiendo con María es a escribir microteatro, que ya es un paso más.

    P.- Además de las películas y tu trabajo en la Luciérnaga, ¿has desarrollado algún otro proyecto como actor?
    R.- Sí, he hecho dos anuncios para televisión, de la ONCE. Uno de ellos, con motivo de su 75 aniversario, del que yo siempre recuerdo una anécdota: para este aniversario se creó la estatua del vendedor, en homenaje a los primeros vendedores en los años 30, yo dije que a la estatua deberían ponerle  mi cara ya que soy un vendedor muy rentable,  porque no he dado nunca el gordo. Pues casualidades de la vida que al final en el anuncio acabo siendo yo la estatua, vestido y maquillado a su imagen y semejanza.
    Hice también un corto sobre extraterrestres, con el que aprendí a valorar lo que es hacer un trabajo con cinta y todo lo que ello supone, eso de no poder borrar, repetir, etc. También grabé un videoclip como vendedor de la ONCE, que no me costó porque era yo mismo. Fuera de ONCE interpreté un papel como sepulturero de Don Juan. Y también participé en la película de Dani Nila, “El pasado nunca muere”, en la que pude experimentar el trabajo de transformación que realizan los profesionales de maquillaje, puesto que me pusieron una cicatriz enorme en la cabeza que parecía absolutamente real.
    En este año, además, he trabajado también en microteatro de la mano de María Peregrina, representando una obra escrita por ella misma, “El pasajero”, en un taller sobre creación y dirección de textos teatrales, puesto en marcha junto a Ángel García.

    P.- Ahora que has probado diferentes experiencias, ¿con qué te quedas, publicidad, cine, teatro...?
    R.- Después de haber probado todo esto, me quedo, sin duda, con el teatro. Yo he oído a grandes actores de este país afirmar que lo que realmente motiva a un actor es el teatro, porque es donde sientes el contacto directo con el público, te fundes con él. Sales, lo das todo, y se acabó, unas veces sale bien y otras no tan bien, pero lo que haces es lo que se lleva el espectador en ese momento. El teatro es más vivo, la magia puesta en ese momento sobre el escenario, tú representas a tu personaje ¡a por todas!, y lo que sale es lo que queda. Ahí está la magia viva del teatro.

    P.- Dada tu discapacidad visual, ¿cuáles son las principales dificultades que encuentras a la hora de preparar y representar tus papeles?
    R.- La mayor dificultad con mi discapacidad visual es leer el texto, aunque es lo que más nos cuesta a todos, en general. En mi caso, como tengo que llevar el texto muy aumentado, pues llevas el cuádruple de hojas que con el texto normal, por lo que te cuesta más moverte por él. En el escenario no es tanta la dificultad, ya que aprendemos a movernos, a reconocer espacios, la situación de los diferentes elementos que hay sobre el escenario, etc. No varía mucho con respecto a un actor que ve, porque al aprender a reconocer el espacio, es todo más fácil.

    P.- Tu faceta como actor la realizas de forma amateur compaginándola con tu trabajo, ¿cómo se lleva esto?
    R.- Compaginar trabajo y hobby -porque el teatro amateur es, en definitiva, un hobby- se hace como se puede; lo importante es que me gusta, que amo el teatro y que le pongo toda la pasión, con lo cual busco huecos de tiempo, aprovecho momentos de más tranquilidad en la venta para ir preparando el personaje, para pensar en él..., esto hace, a la vez, que el trabajo sea más ameno, incluso puedes aplicar recursos de tu día a día para incorporar a los personajes.

    Pipu en el anuncio del 75 aniversario de la ONCE

    P.- Para ir terminando, un par de confesiones. ¿Has soñado alguna vez con llegar más alto en esto de la interpretación?
    R.- Pues... no es un sueño como tal. A veces piensas “candidato a los Goya” y te imaginas ahí, pisando la alfombra roja... ¡debe ser espectacular! Pero soñarlo no, sé dónde estoy, que es una pasión con la que lleno el tiempo libre, pero llegar más arriba, no me planteo ser profesional, igual soy muy realista y como he convivido mucho con la realidad de actores profesionales (sin ir más lejos, nuestros directores), tengo muy claro que es una profesión muy difícil. Yo sé que es una labor complicada, más cuando ves actores que han estudiado para ello y se encuentran con muchas obstáculos para poder desarrollar su trabajo. Soy muy consciente de donde estoy. Como sueño no... me quedo con la alegría que me provoca subir al escenario. Si sueño con algo es con poder volver a subirme al escenario cada vez que termino una representación.

    P.- Y otra más íntima, ¿vas guardando en tu propia persona algo de cada uno de los personajes que interpretas?
    R.- ¡Por supuesto! Al personaje hay que ponerle mucho de ti. Hay una paradoja, y es cuanto más se parece el personaje a uno mismo, es casi más difícil trabajarlo, porque al fin y al cabo es como dar algo tuyo, mostrar tu intimidad ante el público, pero, en cualquier caso, hay que poner mucho cariño, pasión y corazón.
    Al mismo tiempo, el personaje también te reporta mucho, se puede decir que aprendes, que creces, que cada uno de los personajes te enseña algo. Hay cosas que están escritas y aunque tú le pongas tu cachito de alma, el personaje te va a llevar a sitios donde no has estado y no hay más remedio que aprender de él. Y todo lo aprendido se puede aplicar en algún momento de tu vida real.

    Yolanda S. Baglietto

     

    Pipu en una escena de 'Nuestro pueblo'Pipu en una escena de ¡Quién va! Destino Hamlet

     

     

     

     

     

     

     

     

    Pipu en una escena de 'Caricias'